Las redes sociales fueron creadas hace ya más de 10 años con los objetivos de estar más conectados, compartir nuestras experiencias, conocer a nueva gente y darle un uso profesional. En los últimos años, un alto porcentaje de usuarios han tenido la necesidad de mostrar en sus perfiles que su vida es ‘perfecta’, sin problemas y que todo lo que hacen es ‘la gran experiencia de sus vidas’.
El otro día estaba viendo un directo por el Instagram de @garyvee en el que hacía una contra reflexión a un chico que afirmaba que Instagram causaba mucha ansiedad a la gente. Gary le argumentaba que somos las personas las que tenemos ansiedad y que no viene producida por ninguna red social en concreto. Hoy nos vamos a centrar en este punto tan interesante así que ser bienvenidos, un día más, al Blog de Muva.
El monstruo somos nosotros.
‘Instagram? There is no Instagram. There is a platform, we post pictures and humans decide to see somebody having a nice time and they decide to be upset’. Gary viene a decir que la decisión siempre está en nosotros. Si realmente te molesta ver a otro feliz es que, a lo mejor, tu no lo eres, pero Gary va un paso más allá cuando dice lo siguiente: ‘If everybody here didn’t only put out photos when they’re most dressed up, going to the most fancy place and show everybody how fucking their life is, the world would be in a better place’ a lo que acto seguido, el público aplaude. En resumen, el influencer piensa que el mundo sería un lugar más feliz si no mostráramos sólo nuestra ‘cara bonita’ e hiciéramos creer a nuestros seguidores que nuestra vida es ‘lo más’. Quien sea libre de pecado que tire la primera piedra.
¿Qué fue primero; el huevo o la gallina?
¿Qué es peor, aquella persona que muestra todo por qué tiene la necesidad de enseñar que su vida es fantástica o aquella persona que se ofende/tiene ansiedad por ver ese tipo de contenido? A mi entender, el problema está un poco en las dos partes.
Vivimos en una sociedad muy globalizada en la que en menos de un minuto podemos conocer casi cualquier noticia de todo el mundo, como por ejemplo, ‘el último viaje del Rey Emérito a los Emiratos’, que daría para otra entrada de este blog, ciertamente.
Vivimos en una sociedad en la que no se perdona un fallo, pero que cuesta horrores alegrarse de los éxitos de los demás, y no hablo de ‘quedar políticamente bien’ si no de compartir esa alegría por los éxitos de la otra persona, de sentirlo y compartirlo. Con la llegada de la ‘nueva realidad’ ocasionada por la Covid-19, ha quedado más patente.
Vivimos en una sociedad en la que es más importante enseñar dónde te has ido a tomar una copa de vino en el lujoso restaurante del puerto marítimo, que en vivir la experiencia en sí misma, sea en un lujoso restaurante del puerto marítimo o en tu casa.
Y vivimos en una sociedad donde estamos más atentos a las redes sociales que a sentir las cosas por nosotros mismos. Nos hemos acostumbrado a ver las cosas a través de una videollamada, de un mensaje, de una foto o de un vídeo.

¿Es tan difícil desconectarse?
¿Es tan difícil vivir nuestra vida sin tener que estar pendiente de lo que piensan los demás? No hay una respuesta correcta, sin embargo, sería bueno pensar en ello. Tal y como comenté justamente en mi primera entrada del blog tenemos tantos inputs (cosas) a la vez que acabamos por no recordar todo lo que hacemos debido al síndrome del pensamiento acelerado. Por eso es muy recomendable ‘desconectar’ de vez en cuando de nuestra vida online/digital para conectar únicamente con nuestro ‘yo terrenal’.
Cuando enseñamos nuestra ‘fantástica vida’ a los demás, aunque tenga el lado positivo de compartir nuestras experiencias y los buenos momentos con nuestros seguidores, tiene el problema de que, muchas veces, buscamos la aprobación de los otros, como si fuera necesario que nos dijeran lo bien que nos lo estamos pasando ¿Si no lo estuviéramos pasando tan bien, qué sentido tendría compartir ese momento?
Generamos ansiedad, envidia o malos deseos cuando vemos algo de la gente que nos afecta y muchas veces el problema no es lo que vemos de los demás, sino la sensación que nos causa ver aquella cosa de esa persona. Llegados a este punto sería bueno preguntarnos las razones por las que nos afecta y ver si podemos solucionarlo.
A modo de resumen, muchas veces y sin darnos cuenta vivimos nuestra vida a través del feedback que recibimos de otros usuarios. Aunque tiene la parte buena de compartir nuestras experiencias con todo el mundo, si no se controla, llega un momento en el que no podemos vivir sin enseñar todo lo que hacemos y, cuando llegamos a este punto, nos tenemos que plantear si esa es la vida que queremos vivir y si es más importante lo que piensen los demás de uno mismo que lo que pensamos nosotros de nosotros mismos.
Podéis ver más reflexiones sobre el contenido de Garyvee en esta entrada que hice hace meses y hasta aquí mi post sobre ‘La ansiedad en Instagram’’. Recordar que podéis seguirme en mis RRSS de Instagram y Twitter para estar al día de todas las novedades del Blog de Muva y así, crear una comunidad donde compartir experiencias y vivencias.
Un saludo a todos y hasta la próxima.
